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El poder liberador del no


Cuando hablamos de habilidades sociales, solemos enfocarnos en ser buenas conversadoras, estar atentas a nuestro interlocutor, ser amables, saber leer cada situación y actuar en consecuencia…


Pero, ¿cuántas veces relacionamos ese buen relacionarse con saber decir que no? Es una palabra simple, muy cortita y, sin embargo, nos cuesta horrores muchas veces pronunciarla.


Estamos programadas para ser educadas, complacientes y generosas incluso por delante de nuestros propios deseos. Sin embargo, decir “no” no solo es válido, sino que en muchas ocasiones es una forma de autocuidado.


¿Cómo aprender a decir no? La importancia de poner y verbalizar los límites


La N con la O… ¡establece tus límites! Practicar la asertividad, ser empático y amable pero firme en tus decisiones son algunos de los consejos para aprender a decir que no.



Bienvenidos a nuestro Blog. Hoy les vamos a hablar del El poder liberador del no. Los invito a ponerse cómodos y disfrutar de este interesante tema… Esto es Easy Spanish by Duq. ¡Tu mejor experiencia aprendiendo español!


Si eres una persona que le cuesta negarse por miedo a lo que pueda ocurrir, pero quieres cambiar esto, sigue leyendo. En este post explicamos el poder liberador del no y la importancia que tiene saber decirlo.


¿Estás listo para adentrarte en el noble arte de rechazar aquello que realmente no quieres o no puedes hacer?


Aprende a decir “no” y disfruta de la libertad que da establecer límites saludables y vivir de acuerdo a tus necesidades y deseos.


Saber decir “no” es una destreza que, junto a la asertividad, constituyen las dos principales habilidades sociales. Decir no requiere entrenamiento, no es una capacidad innata, puesto que no sólo se trata de decir no, sino de saber cuándo y cómo hacerlo, de ahí que se hable de “las técnicas para decir no” y de aprender a decir no, que forman parte de los aprendizajes en habilidades sociales avanzadas.


Decir no puede parecer fácil a priori.

Vamos a ver dos expresiones de esta dificultad. Dos expresiones muy básicas:

  1. La primera es: Digo SI, y me siento mal, porque quizás no es lo que realmente deseo o me satisface. Aquí la emoción principal que estaríamos detectando sería la frustración.

  2. La segunda expresión sería: Logro decir NO, es decir soy asertivo, pero siento que he hecho algo malo, siento culpa. Esa sería la emoción principal aquí.

¿Por qué nos cuesta tanto decir no?

Vamos a explicar un poco más qué procesos emocionales hay tras esta dificultad para decir no.


  1. La primera causa por la que me puede costar decir no es por miedo al rechazo. Quizás por el temor a lo que los demás piensen algo malo de nosotros o a la reacción de los demás. Pensamos, por ejemplo, que vamos a mostrarnos egoístas o poco sensibles si decimos que no, ante los demás.

  2. Otra causa sería por los estilos de conducta que hemos ido aprendiendo. Creer que hacerlo podría herir a las otras personas. Que fijan en nosotros la idea de que rechazar peticiones o decir no puede expresar, incluso, mala educación o crueldad.

  3. Otro motivo distinto, sería simplemente no saber cómo hacerlo. No sólo es cuestión de decir no, sino de expresarlo con naturalidad, con empatía, sin generar enfrentamiento o agresividad. Muchas veces no decimos no, sencillamente, porque no tenemos las habilidades suficientes.

  4. Otro motivo sería porque hemos tenido malas experiencias en el pasado, y esto ha creado un hábito de respuesta evitativo. Nos cuesta más decir no porque hemos tenido experiencias negativas.

  5. Y en general, el motivo fundamental sería evitar emociones displacenteras que surgen cuando estoy diciendo que no. Cuando pongo un límite me siento preocupado, nervioso, angustiado… y simplemente, a veces queremos “escapar” de esas sensaciones y decidimos que es más fácil evitar decir no.

¿Cómo sé que tengo la dificultad para decir no?

Hay ciertas señales o indicios, que nos pueden advertir de que tenemos ciertas dificultades para decir no.

El primer síntoma sería la tendencia a justificarnos en exceso. Cuando nos decimos: “En realidad me da igual”. “Tampoco es tan importante”. Nos acostumbramos a soportar el malestar como un “mal menor”.

Otro síntoma, que nos puede servir de detección, sería sentirnos enfadados o decepcionados por no habernos expresado como realmente queríamos. O, a pesar de haber dicho que no, sentirnos culpables ¿Por qué nos sentimos culpables, si ese no es nuestra legítima opinión y lo que realmente queremos hacer?


¿Qué efectos o consecuencias tiene no decir no?


No decir no, es una acción que no es neutra, es decir, tiene consecuencias, nos afecta.

Debemos entender que decir no es un acto legítimo, que hace que expresemos nuestra autonomía e independencia, nuestra capacidad para tomar decisiones, para reafirmarnos y expresar nuestras propias convicciones.

El no hacerlo y convertirlo, a fuerza de repetición, en nuestro estilo de conducta, evitativo, tiene como principal consecuencia, prácticamente, perder la percepción de control sobre nuestra vida.

De no ser nosotros mismos. de sentirnos indefensos… de pensar incluso de qué son los demás los que manejan nuestra vida, nuestras decisiones, opiniones y nuestras respuestas.

¿Qué pasaría si empezáramos a decir no?

Lo primera ganancia al empezar a decir no, es la recuperación del control, controlar nuestra vida. Y esta percepción de control es muy gratificante cuando se adquiere.

Junto a ella, también ganamos la autoconfianza, seguridad, autoestima…, y al fin y al cabo, la fortaleza en las convicciones propias.


Otro beneficio ganado es que, lejos de percibir rechazo por parte de los demás, lo que observamos es lo contrario: respeto y admiración por el hecho de ser asertivos en esos momentos o en esas situaciones sociales. Justo lo contrario a lo que inicialmente temimos.


¿Qué estrategias pueden ayudarnos en esta dificultad para decir no?

Hay ciertas claves o estrategias que pueden ayudarnos o facilitarnos el trabajo a la hora de decir no.


En primer lugar, hay que ser conscientes de que es una habilidad que se entrena, es una destreza que se adquiere, se aprende, no es algo innato, con lo que nazcamos. A veces la idea de pensar que soy así y no puedo cambiar, es una idea que nos bloquea y nos impide ser asertivos o decir no. Esta primera idea es algo que hay que desterrar, porque no es cierta.


En segundo lugar, no se trata sólo del hecho de decir no, sino de hacerlo del modo adecuado. No es qué digo, sino cómo lo digo. Sin generar violencia, incomodidad o malestar en los demás.


En esta habilidad, una de las claves más importantes es cómo nos regulamos emocionalmente, como gestionamos toda la parte emocional que está interviniendo en este proceso de asertividad.


¿Por qué? Porque hay emociones que surgen cuando quiero ser asertivo o poner un límite. Surgen emociones como la culpa, el miedo, etc., y como regulemos estas emociones va a determinar cómo va ser nuestra respuesta asertiva.



La importancia de saber decir “no”

Parece difícil de creer que una palabra tan corta como “NO” sea tan complicada de pronunciar algunas veces. Todos nos hemos encontrado en la situación de querer negarnos a hacer algo pero no sabemos cómo decirlo.


¿Por qué es tan difícil decir no?

Seguro que más de una vez te ha pasado: no estás convencida, estás hasta arriba de faena o, simplemente, no tienes ninguna gana de hacer algo que te proponen, pero notas cómo el “no” se te atraganta y, en su lugar, sale un “¡claro!”. Decir que no parece muy fácil -y, de hecho, para algunas personas lo es-, pero con frecuencia nos resulta mucho más complicado que claudicar y silenciar nuestros deseos o apetencias.


Aprender a decir que NO es un arte, es una habilidad que tienes que aprender a perfeccionar. Una vez que aprendes a decir que no, parece que tienes un superpoder.


Comprender el origen de por qué nos cuesta decir que no es clave para destruirlo: ¿es la aprobación externa lo que nos impide negarnos? ¿Es la idea de que podemos con todo? ¿Es el miedo a parecer egocéntricas o despegadas?


A pesar de que “no” es una de las primeras palabras que aprendemos, “decir no” nos enfrenta a normas profundas, cuestiona quiénes somos y puede llegar a bloquearnos por las emociones que nos provoca.


Algunos adolescentes rebeldes dicen no a todo casi por norma, pero crecemos, asumimos responsabilidades, y nos ponemos el cartel del disponible, perdiendo la capacidad de escuchar nuestros propios deseos y transmitirlos. Y de esta manera, dejamos que nuestras prioridades se contaminen con elementos externos, como el miedo al conflicto, al abandono, a perder oportunidades…


Aprendiendo a decir no

En la sociedad actual, muchas personas se encuentran constantemente enfrentadas a situaciones en las que se les pide que hagan algo que no desean o que les resulta incómodo. La habilidad de establecer límites y decir no es crucial para mantener nuestra integridad personal y salvaguardar nuestro bienestar emocional.



Para desarrollar esta habilidad, es importante tener en cuenta algunos aspectos clave. En primer lugar, es fundamental comprender que decir no no implica ser egoísta o grosero, sino más bien proteger nuestros propios límites y necesidades. A veces, nos vemos presionados a decir sí por miedo a defraudar a los demás, pero es importante recordar que también debemos cuidar de nosotros mismos.


Una estrategia efectiva para aprender a decir no sin dar explicaciones es ser directo y claro en nuestra respuesta. No es necesario justificar nuestras decisiones o dar largas explicaciones. Por ejemplo, podemos decir simplemente "No puedo hacerlo en este momento" o "No me siento cómodo/a haciéndolo".


También es importante recordar que no estamos obligados a aceptar todas las solicitudes que nos hacen. Podemos evaluar cada petición y decidir si realmente queremos o podemos hacerlo. Establecer límites saludables nos ayuda a evitar el agotamiento y a mantener una buena salud mental.


Otra estrategia útil es practicar el arte de la negociación. Si nos sentimos presionados a decir sí, podemos proponer alternativas o compromisos que nos resulten más cómodos. Por ejemplo, si no podemos asistir a un evento, podemos sugerir encontrarnos en otro momento o participar de forma remota.


¿Sabes cuál es tu jerarquía de prioridades?

Conocer tus deseos - lo que implica hacer el ejercicio de aislar tus pensamientos y escucharte - es básico para evaluar el coste – beneficio de decir que sí o que no. En términos económicos: ¿cuáles son las consecuencias, por ejemplo, de no aceptar un determinado trabajo porque tiene unas condiciones malas o la jornada es incompatible con otras de tus actividades? ¿Es más importante acudir a una cita que no te apetece o quedarte en casa descansando si así te lo pide el cuerpo? ¿Quieres de verdad continuar con esa relación o la mantienes por inercia?


Asertividad: el arte de decir que no con estilo

No hace falta justificarse, pero es posible que te sientas más cómoda con una pizca de amabilidad, especialmente cuando esa negación es para personas a las que no queremos hacer daño. En lugar de dar un “no” en seco que caiga como una losa y te haga sentir mal, puedes cambiarlo por un “lo siento, pero ahora mismo necesito priorizar esto otro”. No tengas miedo de expresar tus necesidades y deseos de manera clara y respetuosa, descubrirás que es contagioso.


¡Esa autoestima p’arriba!

Cuando tenemos el ánimo flojito somos más permeables a los juicios que pueden hacernos los demás si expresamos nuestros deseos. Es importante trabajar este aspecto para quitarnos de encima esa vulnerabilidad y cuidar de nosotras mismas. ¿No sabes cómo hacerlo por ti mismo? ¡Pide ayuda!


El ‘no’ es transversal

Es decir, aplica a todos los ámbitos de tu vida: en lo laboral, en lo familiar, en lo sentimental y en lo sexual, por supuesto. Si no lo has hecho hasta ahora, puede resultar difícil desengancharse de complacer siempre a los demás, pero verás que es cuestión de práctica. Poner límites es esencial para tener relaciones sanas.


Celebra cada nuevo ‘no’

Refuerzo positivo cada vez que seas capaz de decir que no a algo a lo que hubieras dicho que sí sintiendo que en realidad no querías. Cada vez que no tengas que pensar aquello de “tenía que haber dicho que no” porque, efectivamente has dicho que no, es un logro.


Saber decir NO, es utilizar la inteligencia emocional

Un “no” respetuoso, bien argumentado y en el momento justo, puede ser increíblemente bueno para tu salud.

Saber decir “no” es un ejercicio diario.


En nuestra rutina diaria encontramos cosas insignificantes que ponen a prueba nuestro carácter. Dentro de unos límites y un equilibrio, es esencial que sepamos defender nuestro propio criterio.


Al seguir nuestros propios principios cada vez será más fácil decir “no” y alcanzar el equilibrio con uno mismo.


Recuerda decir “no” con educación. No tengas miedo de parecer egoísta o desinteresado, al argumentar lo que sientes y piensas te mostrarás como una persona íntegra y sincera.


Un “no” a tiempo es bueno para la salud emocional.


«Las palabras más antiguas y cortas,» sí «y» no «, y son las que requieren más reflexión»


Tips finales.


«A veces no es la palabra más amable».


«Puedes ser una buena persona con un corazón amable y aún así decir que no»


«No tienes que mantenerte comprometido con algo solo porque eres bueno en eso».


«No digas tal vez, si quieres decir que no»


«Si quieres más tiempo, libertad y energía, comienza a decir que no».


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